Rafael Casanova y Comes (Moyá, 1660 - San Baudilio de Llobregat, 3 de mayo de 1743) fue un jurista español, partidario del Archiduque Carlos durante la Guerra de Sucesión Española, último consejero primero del Consell de Cent (1713-1714) de la ciudad de Barcelona, coronel de la Coronela de Barcelona, gobernador de la Plaza y Armas de Barcelona, y miembro de la Junta de Gobierno de Cataluña durante el Sitio de Barcelona, en la última fase de aquel conflicto.
Primeros años
En el momento de su nacimiento, los Casanova gozaban de una sólida posición económica. Propietarios de fincas y tierras, se dedicaban al comercio del grano y la lana.[1] La familia tenía una larga tradición de participación en los asuntos públicos. Francesc Casanova (abuelo) fue Capitán de la Santa Unión y luchó contra los bandoleros, y Rafael Casanova (padre) fue jefe del somatén del Moianés (1650), consejero de la población (1652), sotsveguer de Moyá y el Moianés (1659) y, poco antes de su muerte (1682), alcalde real de la villa.[2] Rafael Estudió Derecho en el Estudio General de Barcelona, profesión que ejerció hasta ser escogido tercer consejero del Consejo de Ciento de Barcelona durante la Guerra de Sucesión (1702-13). En 1696 se había casado con Maria Bosch i Barba.[3]
La Guerra de Sucesión
La Guerra de Sucesión Española, tras la muerte sin descendencia de Carlos II el Hechizado, dio lugar a una guerra civil en España entre los partidarios del Archiduque Carlos y Felipe de Anjou. Felipe V juró en 1702 fidelidad a los fueros de Cataluña, y recibió el homenaje de sus instituciones. Sin embargo, el austracismo iba tomando fuerza en la región. Cuando en octubre de 1705 las tropas del archiduque Carlos tomaron Barcelona al asalto, la Generalidad y los consellers municipales juraron lealtad al Archiduque, y Barcelona se convirtió en un baluarte austracista durante el resto de la guerra.
El 25 de enero de 1706, por muerte del consejero tercero de Barcelona, Jacinto Lloreda, correspondió a Casanova ocupar el cargo. Un año más tarde, el 6 de febrero de 1707, el archiduque Carlos le otorgó el nombramiento de ciutadà honrat (ciudadano honrado), un título honorífico ambicionado por las familias acaudaladas catalanas no pertenecientes a la nobleza.
Para 1711 la posición militar de los austracistas era ya muy comprometida. En septiembre de ese año el archiduque Carlos dejó la Península rumbo a Viena para hacerse cargo del Sacro Imperio Romano, dejando en Barclona a su esposa Isabel de Brunswick. En las primeras negociaciones de paz los embajadores del ya emperador Carlos VI insistieron que el Principado de Catañula fuese elevado a la categoría de república independiente. Sin embargo, tras la renuncia de Felipe V al trono de Francia, se avino a ceder ante Felipe V mientras se comprometiera a respetar los fueros catalanes. La posición de los representantes de Cataluña era que si Carlos VI no podía ser rey de toda España, lo fuera al menos de la Corona de Aragón.
En 1713 Isabel de Brunswick salió de Barcelona, y poco después se evacuaron las tropas austriacas. Casanova asistió a las sesiones del Brazo Real (Braç Reial) de la Junta de Brazos (Junta de Braços), inaugurada en Barcelona el 30 de junio de 1713. Entre las primeras medidas adoptadas figuró, el 11 de julio de 1713, la creación de la Junta Secreta, compuesta por cinco personas destinada a estudiar las propuestas emitidas por el teniente mariscal Antonio de Villarroel, cabeza de las fuerzas austracistas en Cataluña. Uno de estos cinco miembros sería el propio Rafael Casanova.[4]
Según el Tratado de Utrecht, por el cual se reconocía de forma definitiva a Felipe V como rey de España, los catalanes serían amnistiados y recibirían los derechos y privilegios que los habitantes de las dos Castillas, "que de todos los pueblos de España son los más amados por el Rey Católico".
El sitio de Barcelona
Ante la resistencia barcelonesa, el 25 de julio de 1713 las tropas borbónicas comenzaron el sitio de la ciudad. El 30 de noviembre de 1713, Casanova es nombrado Conseller en cap de Barcelona, la máxima autoridad de la ciudad. El cargo llevaba añadido el grado de coronel de los «Regimientos de la Coronela», la milicia ciudadana, que era el componente más numeroso de la guarnición que defendía la ciudad, así como el título de cabeza militar de la plaza.
La dura batalla provocó la muerte de 14.200 asaltantes borbónicos y 6.850 defensores autracistas, y la destrucción de un tercio de la ciudad. Durante el sitio se rompió la férrea determinación austracista, con luchas entre los líderes Roal, Villaroel y Moragas. El propio Casanova era partidario de una salida negociada, pero rechazó la oferta de paz propuesta por el Duque de Brunswick el 4 de septiembre, pretendiendo lograr un alto el fuego de doce días, lo que provocó la dimisión de Villaroel.
El día del asalto final de las tropas borbónicas, el 11 de septiembre, a las 7 de la mañana, el Consejero primero Casanova lideró el contraataque por el flanco derecho de ataque de las tropas borbónicas, arengando a los barceloneses mientras blandía la bandera de Santa Eulalia, venerada por los barceloneses (según una tradición, el estandarte de Santa Eulalia sólo podía sacarse en el momento en que Barcelona corriese un grave peligro); el flanco derecho, único sector en el que el mariscal francés Berwick confió en tropas españolas, [5] empezó a retirarse desordenadamente ante el contraataque de las tropas catalanas[6] lideradas por el consejero primero Rafael Casanova, que acabó provocando una desbanda general de las tropas españolas[7] en todo el sector.
Durante el contraataque, Casanova fue herido por una bala en el muslo, siendo trasladado urgentemente al colegio de la Merced, donde había instalado un hospital de campaña. Ante la caída en combate de Casanova, el contraataque quedó detenido.[8]
A las tres de la tarde Casanova emitió un bando que repartió por las calles de Barcelona en cual se afirmaba:
«Se hace saber a todos generalmente, de parte de los tres Excelentísimos Comunes, considerando el parecer de los Señores de la Junta de Gobierno, personas asociadas, nobles, ciudadanos y oficiales de guerra, que separadamente están impidiendo que los enemigos se internen en la ciudad; atendiendo que la deplorable infelicidad de esta ciudad, en la que hoy reside la libertad de todo el Principado y de toda España, está expuesta al último extremo de someterse a una entera esclavitud. Notifican, amonestan y exhortan, representando así a los padres de la Patria que se afligen de la desgracia irreparable que amenaza el favor e injusto encono de las armas franco-españolas, haciendo seria reflexión del estado en que los enemigos del Rey N.S., de nuestra libertad y Patria, están apostados ocupando todas las brechas, cortaduras, baluartes del Portal Nou, Sta. Clara, Llevant y Sta. Eulalia.
Se hace saber, que si luego, inmediatamente de oído el presente pregón, todos los naturales, habitantes y demás gentes hábiles para el ejercicio de las armas no se presentan en las plazas de Junqueras, Born y Plaza de Palacio, a fin de que unidos con todos los Señores que representan los Comunes, se pueda rechazar los enemigos, haciendo el último esfuerzo, esperando que Dios misericordioso, mejorará la suerte.
Se hace también saber, que siendo la esclavitud cierta y forzosa, en obligación de sus cargos, explican, declaran y protestan los presentes, y dan testimonio a las generaciones venideras, de que han ejecutado las últimas exhortaciones y esfuerzos, quejándose de todos los males, ruinas y desolaciones que sobrevengan a nuestra común y afligida Patria, y extermine todos los honores y privilegios, quedando esclavos con los demás españoles engañados y todos en esclavitud del dominio francés; pero así y todo se confía, que todos como verdaderos hijos de la Patria, amantes de la libertad, acudirán a los lugares señalados, a fin de derramar gloriosamente su sangre y su vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España
Y finalmente dicen y hacen saber, que si después de una hora de publicado el pregón, no comparezca gente suficiente para ejecutar la ideada empresa, es forzoso, preciso y necesario llamar y pedir capitulación a los enemigos, antes de llegar la noche, para no exponer a la más lamentable ruina de la Ciudad, para no exponerla a un saqueo general que profane los Santos Templos, y al sacrificio de niños, mujeres y a los religiosos. Y para que a todos sea generalmente notorio, que con voz alta, clara e inteligible sea publicado por todas las calles de la presente ciudad.
Dado en la casa de la Excelentísima Ciudad, residiendo en el Portal de S. Antonio, presentes los mencionados Excelentísimos Señores y personas asociadas, a 11 de Septiembre, a las 3 de la tarde, de 1714».
Exoneración de cargos y represion
El 15 de septiembre el Consell de Cent de Barcelona quedó abolido, cerrándose sus archivos, escribanías y arcas de depósito. El mismo día todos los consejeros de Barcelona fueron exonerados de todos los cargos por delitos de Lesa Majestad. Curado de sus heridas, los bienes de Rafael Casanova fueron embargados, pasando a residir a partir de entonces en la casa de su hijo, en Sant Boi de Llobregat. Amnistiado, en 1719 tornó a Barcelona y volvió a ejercer como abogado hasta 1737, año en qué se retiró. Murió diez años más tarde en Sant Boi de Llobregat, a la edad de 83 años.

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